Miramos cómo conversamos en las redes sociales entre palabras nuevas y caritas que han surgido de los nuevos medios y que se han adaptado al castellano.

Hasta la risa ha cambiado en los tiempos de redes sociales. Muchos, por ejemplo, prefieren reírse en español con un ‘jajaja’. Otros, sin embargo, se ríen en inglés a través de los ‘hahaha’. Unos tuiteamos, otros nos ‘guasapeamos’ y algunos ‘googleamos’ como puerta de entrada al conocimiento o disfrute de un tema. Desde palabras nuevas como esas con las que nos entendemos hasta los emoticones que reflejan lo que sentimos, el lenguaje ha reaccionado al inevitable efecto de las redes sociales.

Wizard Estreito - Entre el trino y el tuit: cómo las redes sociales han influido el idioma español

Las caritas felices o de coraje no fallan ni tampoco las abreviaciones para ganar espacio o tiempo. Así sale la ‘q’ en lugar de un ‘que’ o ‘quéy hasta ese ‘Dtb’ que escribe tu madre en vez de ‘Dios te bendiga’.

Sabes de inmediato que el lenguaje se va amoldando al entorno de redes y mensajerías de computadores y teléfonos móviles.

La versión electrónica del Diccionario de la Real Academia Española (RAE) ha ido incorporando palabras como tableta, blog y bloguero al igual que términos ligados a Twitter, entre ellos, ‘tuitear’, ‘retuitear’, ‘tuit’, ‘tuiteo’ y ‘tuitero’.

“No hay duda que el inglés marca mucha influencia en el español hablado y escrito de hoy, sobre todo en temas de tecnología. Las culturas que inventan las cosas también las nombran, y eso es un fenómeno muy normal en la historia de las lenguas”, sostiene el sociolingüista y profesor en Florida International University, Philip Carter.

Una reciente campaña de la RAE y la Academia de la Publicidad que reprocha el exceso de anglicismos en la publicidad española también menciona hasta qué punto la nomenclatura de redes se ha instalado en la comunicación.

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Esas oraciones representan una conversación imaginaria citada en el estudio “El inglés en la publicidad: ejemplos del uso excesivo del inglés en los anuncios en España” y que muchos seguramente han escuchado más allá del campo publicitario.

Aunque el inglés se ha considerado el idioma original de la Internet y de las redes sociales, el español es la segunda lengua más utilizada en Facebook y Twitter, según el informe “El español: una lengua viva” del Instituto Cervantes.

Es que tras el chino mandarín -que cuenta con sobre 1,000 millones de hablantes-, el español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes. Somos 559 millones de personas quienes hablamos español si se incluyen a esos de dominio nativo, los de competencia limitada y quienes lo estudian como lengua extranjera.

Las redes sociales son entonces como una libreta de apuntes que muestra cómo se habla español.

No se trata necesariamente de que las redes modelen el idioma, como opina el profesor en la Universidad de Emory y lingüista especializado en comunicaciones electrónicas, José Luis Boigues.

“Términos como ‘blog’, ‘tuit’ y ‘bloguero’ son nuevas palabras que surgen porque surgen nuevos medios de comunicación. El idioma está modelado por lo que la persona puede decir y por lo que el medio permite. El medio fuerza al idioma a actualizarse”, explica Boigues.

“No creo que (las redes) modelen, sino que más bien son modeladas. Pero no estoy muy seguro de nada de esto, aún es pronto para obtener conclusiones”, dice el periodista Álex Grijelmo agarrado a la importancia de la duda en este territorio de redes e idioma.

Entre códigos y palabras nuevas

El idioma, así las cosas, se refresca y de pronto nacen palabras en estos tiempos mediados por la tecnología y los nuevos medios.

“Unas palabras proceden de marcas (tuit, googlear, guasapear…) y otras las copiamos del inglés (y a menudo se trata de palabras que ya existían en esa lengua, pero que amplían su significado; como ha sucedido con ‘hardware’)”, detalla Grijelmo.

Así como nos prestamos comida y música de otros lugares, también nos prestamos palabras. Y en este caso de redes, los préstamos fluyen generalmente del inglés al español.

Este tipo de préstamos -según Carter- entran al vocabulario de forma natural porque “son los hablantes y no las academias formales” quienes determinan las palabras que son útiles y necesarias.

“Y son los mismos hablantes que deciden cómo van a modificar los préstamos para sus lenguas. En el caso del español, ningún lingüista o funcionario de la RAE tuvo que explicar a los millones de hispanohablantes cómo conjugar el nuevo verbo ‘tuitear’”, agrega Carter de esas reglas que, a su juicio, determinan los hablantes. No extraña que algunos hablen de ‘trino’ en lugar de ‘tuit’.

Por ejemplo, la forma de escribir ‘guasapear’ refleja la pronunciación espontánea más extendida en español, según una entrada de consultas de la RAE en Twitter.

“Veo más el lenguaje de las redes como efecto que como causa”, articula Grijelmo.

“Se trata de un lenguaje que se asemeja mucho al oral, aunque se transmita por escrito, y en él afloran todas las virtudes y los defectos de quien se expresa. Es decir, las redes sociales reflejan lo que hay, respecto al lenguaje”, dijo Grijelmo de las redes que, como afirma, reflejan la formación y la calidad humana de la gente que las utiliza para bien y para mal.

Las palabras que se hayan aceptado de la tecnología “se han aceptado en todos los tiempos”, afirmó el director del Instituto Cervantes, Víctor García de la Concha en un aparte durante el VII Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE).

“Ahora tenemos la tecnología informática pero cuando se inventó la imprenta también fue un cambio muy importante y se introdujeron por tanto nuevos términos”, detalló García de la Concha.

Es que, como expresa Grijelmo, cada época ha tenido su influencia en el diccionario.

Los nuevos medios, a su vez, muestran las formas que damos voz a nuestras personalidades, emociones y conocimientos gramaticales.

Las abreviaciones, que responden a la inmediatez y a las limitaciones de un medio -si consideramos los 140 caracteres de un tuit- son parte de estos modos con los que encaramos las redes.

“Las normas de ortografía no son tan fijas y permanentes como nosotros pensamos, y deben responder a las necesidades de los hablantes de la lengua. Cuando escribimos ‘q’ por ‘que’, ‘d’ por ‘de’ y ‘x’ por ‘por’ no es porque queremos destruir las normas de la lengua escrita, sino porque es muy útil escribirlo así”, sostiene Carter al plantear que se trata de saber diferenciar registros.

Es que la forma que les hablamos a nuestros amigos -por mensaje de texto o comentarios en redes sociales- no es igual a la comunicación formal de un ensayo, una nota informativa, un examen o una carta pública, coinciden los entrevistados.

Pero más allá de las abreviaciones están las errores ortográficos, las letras que no van y los acentos que sobran y aquellos ausentes. A cada rato salen memes que buscan explicar esas diferencias que hay, por ejemplo, entre un ‘ay’, un ‘ahí’ y un ‘hay’.

Es que todo queda expuesto.

Con las redes, como articuló el periodista especializado en nuevos medios Mario Tascón, lo que antes era una conversación privada se está convirtiendo en una conversación pública.

“Eso es lo que nos hace ver -a veces- gente que escribe con fallas en la ortografía. Claro, es que antes ese elemento (el de los errores ortográficos) solo estaba en las conversaciones privadas”, indicó Tascón durante un panel en CILE.

Y más allá del idioma que nos identifica, hablar en redes también supone emplear las caritas ingeniosas que tenemos en nuestros celulares y que completan los sentimientos y las intenciones de nuestros mensajes.

“Los emoticones aparecen porque hay una necesidad urgente de expresar emociones en unas situaciones de comunicación rápida y para no generar confusiones”, indica Tascón.

De ahí las caritas hasta los ‘gifs’ animados que, de acuerdo con Tascón, configuran “formas nuevas que tenemos para expresar una palabra o un beso”.

Así este idioma nuestro no cesa de transformarse. “No creo que el ejercicio de la tecnología vaya a perjudicar la lengua y, en cambio, fíjese el gran impulso que produce en la comunicación de todos los humanos”, planteó García de la Concha.

Y dado que la escritura en redes imita en buena parte la oralidad, eso también toca las maneras en las que nos reímos a través de mensajes de texto o redes.

El asunto va desde el ‘jajaja’ y se extiende a distintos modos que intentan traducir el humor que hay tras las palabras.

“La risa es astuta si utilizo la ‘e’ en el ‘jejeje’, socarrona si utilizo la ‘o’ en el ‘jojojo’ y traviesa si utilizo la ‘i’ en un ‘jiji’”, expresó Tascón quien agregó, además, que el número de sílabas también afecta la construcción de esa risa digital.

“No es lo mismo un ‘ja’, que un ‘jaja’, que un ‘jajaja’”.

Cosas del idioma y de quienes ajustamos esa lengua a nuestro vertiginoso entorno de tecnología y redes que nos acercan en esa telaraña que es la Internet.
Nota de la editora: Este artículo es parte de una serie sobre el uso del español en las redes sociales.

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